Las llevado dicha disputa a un tribunalLas llevado dicha disputa a un tribunal

Las disputas por el control de los ríos, lagos y, en
definitiva, del agua, son algo del presente y se intensificarán en un futuro
próximo; ya que, según la Organización Mundial
de la Salud, en 2025, la mitad de la población mundial vivirá en zonas con
escasez de agua. Actualmente, los países con más reservas
de agua son: Brasil, Rusia, EEUU, Canadá, China, Colombia, Indonesia, Perú,
India y la República Democrática del Congo. La mayoría del agua disponible se
encuentra bajo tierra, concentrada en acuíferos, o se trata de aguas superficiales
(ríos y lagos). Los acuíferos con mayores reservas son el Sistema
Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia (bajo el Desierto del Sáhara), la Gran
Cuenca Artesiana (en Australia) y el Acuífero Guaraní (en América del Sur). Por
otro lado, hay una serie de ríos en el mundo cuya importancia es excepcional,
sencillamente por la ingente cantidad de población e industrias que dependen de
ellos.  Los problemas surgen cuando estos
ríos no forman parte de un solo estado, sino que son ríos contiguos o
transfronterizos, y eso provoca disputas entre algunos estados. 

 

Asia está siendo especialmente
afectada por este problema. Actualmente hay diversas tensiones que giran en
torno al control del agua; por ello, analizaremos los focos más significativos.
En primer lugar, el uso del agua del río Indo (que sustenta a 300
millones de personas)  ha provocado
tensiones entre Pakistán e India. Este río es un recurso vital para ambos
países. Con la independencia de Pakistán, el Indo se convirtió en una fuente de
disputas. Esto trató de solucionarse con el Tratado de las Aguas del Indo
(1960), que dio a la India los tres afluentes orientales (el Sutlesh, el Ravi y
el Beas) y a Pakistán los tres ríos occidentales (el Indo, el Jhelum y el
Chenab). Pero debido a la escasez de agua, Pakistán ha protestado recientemente
contra la construcción de presas en la parte india del río (en la Cachemira
administrada por India), que restringen el suministro de agua a Pakistán y
reducen el caudal del río. India, por su parte, se defiende diciendo que esos
proyectos están contemplados en el Tratado; aún así, las tensiones no parecen
disminuir. Por ello, Pakistán
ha llevado dicha disputa a un tribunal internacional de arbitraje. Este
problema por las reservas hídricas es el núcleo del enfrentamiento en
Cachemira: sin un adecuado suministro, Pakistán no tardaría mucho en
convertirse en un desierto. 

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En segundo lugar, la disputa sobre el
río Mekong –citar- que atraviesa
Camboya, Vietnam, Laos y Tailandia. Este conflicto gira alrededor de la
construcción de presas por parte de diversos países, así como la explotación de
los recursos proporcionados por el río Mekong. Está planeada la construcción de
11 presas a lo largo del río, que producirían una gran cantidad de electricidad
y serían beneficiosas para algunos países, pero a su vez podría amenazar la seguridad
alimentaria de millones de personas. Los países afectados (Camboya, Vietnam,
Laos y Tailandia) formaron en 1995 la Comisión
del Río Mekong (MRC). Esta comisión se formó con el
fin de promover el diálogo y fomentar el uso justo y equitativo de las aguas
del río. La MRC -citar-  ha mediado entre
países diversas veces; en 2010 por la construcción de una presa por parte de
Laos y Tailandia, y la misma situación se dio en
2013. Las conversaciones no han resultado muy eficaces, y se teme por la vida
de millones de personas, que podrían ser afectadas en caso de que el conflicto se intensifique.

          Se podría resumir la ineficacia de dicho organismo
de la siguiente manera: las decisiones sobre la construcción de las presas se
toman directamente sin presentarlas a la MRC, y las empresas constructoras
presionan de tal manera a los gobiernos, que es muy difícil realizar
evaluaciones sobre los impactos medioambientales. Además, al no ser un tratado
vinculante, los miembros acaban ignorando sus directrices y prefieren “cooperar”
en un sentido amplio. De todos modos, las conversaciones siguen aunque, hoy por
hoy, la MRC no parece capaz de asumir el peso de las negociaciones. Esto da al
conflicto un futuro incierto y peligroso.

          En tercer lugar, llama la atención la problemática en la región
ex-soviética de Asia Central. Durante la Guerra
Fría, estas regiones compartían los recursos de la siguiente manera: las
repúblicas con orografía montañosa (Tayikistán y Kirguistán) tenían agua
abundante, y la suministraban a las repúblicas río abajo (Kazakstán,
Turkmenistán y Uzbekistán) para generar electricidad y cultivar alimento. A su
vez, las repúblicas río abajo suministraban gas y carbón a Tayikistán y
Kirguistán durante el invierno. Pero al desmoronarse la URSS todo eso cambió y
empezó a haber escasez de agua y cortes eléctricos, ya que estos países
independientes decidieron dejar de compartir el agua y la energía. Como
proclama el think-tank International Crisis Group:
“La raíz del problema reside en la desintegración del sistema de
compartir fuentes impuesto por la Unión Soviética en la región hasta su colapse
en 1991”.

Así, Kirguistán y
Tayikistán han decidido construir presas hidroeléctricas en los ríos Syr Darya y Amu Darya para producir su
propia energía y enfrentar así los constantes apagones (potencialmente letales
en invierno). Esto, por supuesto, limitará el acceso al agua de millones de
personas que viven en las otras tres repúblicas, cosa que ha provocado
conflictos a pequeña escala. También han abundado las amenazas, como la del
presidente uzbeko Islom Karimov, que en 2012 dijo
lo siguiente: “Los recursos (provenientes) del agua
podrían convertirse en un problema futuro que podría dar lugar a en una
escalada de tensiones no solo en nuestra región, sino en todo continente.”; además añadió: “No nombraré países concretos, pero todo
esto podría deteriorar hasta el punto en que el resultado no solo sería una
confrontación, sino las guerras.” A pesar de las
amenazas, los proyectos han continuado su camino, y por ello cabe esperar un
incremento de la tensión en la región.

 

En cuarto lugar, el río Nilo aparece como otra fuente de
tensión entre diversos países en la zona. Para entender la problemática
existente, debemos remontarnos casi un siglo atrás. Ya en 1868, Egipto intentó
ocupar Etiopía para hacerse con el control del cauce del Nilo. En 1929 se
firmaron unos acuerdos durante la época colonial, en los que se repartían las
aguas del Nilo. En dichos acuerdos (que se reafirmaron en 1959),
Egipto obtenía la mayor parte del agua para su uso, mientras que Sudán obtenía
una pequeña parte. Los 9 países restantes de la cuenca del Nilo fueron apartados
del tratado. A la vez, se permitía a Egipto construir proyectos en el río Nilo
mientras que se prohibía al resto de países ribereños hacer lo mismo sin el
permiso de Egipto.

En 1999 se creó la Iniciativa
de la Cuenca del Nilo: una comisión
encargada de organizar un reparto justo del agua y los recursos del río Nilo.
Pero al no tener el efecto esperado, en 2010 se firmó, como consecuencia del
reparto desigual de las aguas, el Acuerdo
de Entebbe (por Etiopía, Ruanda, Uganda, Kenia, Tanzania y Burundi). Este
acuerdo, profundamente discutido por Egipto y Sudán, permite a los países
ribereños construir presas y otros proyectos, rompiendo así con las
restricciones impuestas por los tratados coloniales. Además, esto ha alterado
la balanza en la región, ya que Egipto y Sudán han perdido el monopolio sobre
los recursos del Nilo.

Es vital comprender la situación geográfica de estos
actores. El Nilo nace en diversos países, y termina pasando por Sudán y Egipto
para desembocar en el Mar Mediterráneo. Egipto, concretamente, es un país
totalmente dependiente del río Nilo. Recibe más del 90% del agua dulce de este
río, y su industria y agricultura necesitan del Nilo para sobrevivir. Hasta
hace pocos años y gracias a los tratados coloniales, Egipto había ejercido un
monopolio sobre el uso de las aguas; pero desde hace poco, la situación está
cambiando.

Por tanto, la problemática
a la que haremos referencia tiene lugar entre Egipto y Etiopía (en donde nace
el Nilo Azul). Este último es un país con más de 100 millones de habitantes,
que dispuso en 2011 un proyecto de construcción de una presa: la Gran Presa del
Renacimiento Etíope (GERD).
Con una inversión de 4.700 millones de dólares, esta presa solucionaría el
déficit energético de Etiopía,
y llegaría a convertir a este país en exportador neto de electricidad
(produciría 6.000 MW al año). El inconveniente es que la presa se nutrirá con
agua del Nilo Azul, tributario del río Nilo. El peligro de la evaporación de
más de 3 billones de metros cúbicos por año y la reducción del cabal para
llenar la reserva podría afectar de una manera catastrófica a Egipto. A ello
debemos añadirle los peligros derivados del sobreuso del agua, el crecimiento
de la población y la demanda de una mejor redistribución del agua entre los
países ribereños.

Esta problemática ha traído tensiones entre los dos
países: en 2010 se filtró en Wikileaks
un correo
electrónico proveniente de un alto mando egipcio diciendo: “estamos
discutiendo cooperación militar con Sudán contra Etiopía, con planes para
establecer una base en Sudán para las Fuerzas Especiales Egipcias con vistas a
atacar el proyecto GERD”. Egipto también pensó en preparar apoyo a grupos
rebeldes proxy en Etiopía, para desestabilizar el gobierno. De todos modos,
debemos tener en cuenta que Egipto siempre ha tendido a usar una retórica
agresiva hacia toda problemática relacionada con el Nilo (fuente de vida, motor
de su economía), pero realmente el país de los faraones no está en condiciones
para lanzar acciones armadas, dado que sus problemas domésticos han desgastado
al país, perdiendo así su posición de clara predominancia en la región.

Pero no todo el futuro es tan negro. En marzo del 2015
se firmó en Jartum un acuerdo preliminar entre Egipto, Etiopía y Sudán sobre la
presa del Renacimiento y el reparto del agua, en el que se aceptaba
el derecho de Etiopía a construir la presa sin dañar el abastecimiento de
agua de Egipto y Sudán. Aunque estos dos países están alarmados ante lo que
sucederá una vez la reserva empiece a llenarse, este es un primer paso hacia
una era de cooperación. El mismo Abdel
Fattah el-Sisi (presidente de Egipto) dijo en la convención: “hemos
escogido cooperar y confiar entre nosotros, en pro del desarrollo”. Finalmente,
en noviembre del mismo año no se pudo aprobar una comisión de análisis
independiente para observar las consecuencias de la presa, ya que después de
que Sudán acusara a Egipto de usar parte de la cuota sudanesa, se inició una
guerra de declaraciones, que puso en peligro la frágil cooperación entre estos
países.

Esta cooperación en el ámbito de los recursos hídricos
tendrá repercusiones beneficiosas en muchas otras esferas y, aunque no se puede
descartar un fracaso de las negociaciones, lo más probable es que gracias a la
construcción de la GERD y la cooperación regional, los lazos entre estos países
se hagan más fuertes, lo que puede marcar el punto de partida de una nueva
época de paz y desarrollo en esta región.

 

El Paraná,
un río fronterizo y transfronterizo que nace en Brasil y atraviesa Paraguay
para desembocar en el río de la Plata, es un ejemplo muy distinto. La cuenca de este río está vinculada
con el Acuífero Guaraní (una de las mayores reservas de agua del mundo), y eso
es una garantía del gran volumen de agua que tiene este río a lo largo del año.
Por eso, se han ido construyendo muchas centrales hidroeléctricas, aprovechando
los saltos de agua y también los rápidos. Por otro lado, la importancia de este
río a nivel político y económico es clave; el Paraná y la Cuenca de la Plata
alimentan la zona más industrializada y poblada de América del Sur. Es por
ello, que la cooperación ha sido especialmente importante.

La represa del Itaipú (2ª
más grande del mundo y 1ª
en producción mundial) es una represa binacional, construida por Paraguay y
Brasil. Fue el resultado de intensas negociaciones (no siempre fáciles), y
ahora produce de promedio 90 millones de MWh (megavatio-hora) al año. Aún así,
no siempre hubo concordia entre Paraguay y Brasil: en 1872 empezaron unas
disputas sobre las fronteras. Después de muchos acuerdos inservibles, se acordó
inundar los territorios disputados y crear una represa hidroeléctrica. En 1984
entró en funcionamiento la represa de Itaipú. Hoy está administrada por la
Entidad Binacional Itaipú, una empresa público-privada entre Paraguay y Brasil,
y suministra más del 16% de la energía total que se consume en Brasil, y más
del 75% de la que se consume en Paraguay. A pesar de que el impacto
medioambiental fue grande, Itaipú ha promovido campañas para mantener reservas
biológicas y proteger la fauna y flora. Además, ha reforestado grandes áreas en
los alrededores del embalse, y vela por la calidad del agua.

Este es un claro ejemplo de los
beneficios que puede aportar un uso razonable y compartido entre países que
deciden cooperar. Así, los países partes en algunas de las controversias
actuales deberían fijarse en estos ejemplos de comportamiento que, sin ser
perfectos, se puede aprender mucho de ellos.

Como conclusión querría
destacar que, aunque el agua puede ser el origen disputas entre pueblos y
naciones (como los casos que hemos visto), también ofrece oportunidades (lo ocurrido en
el río Paraná o el Nilo) muy ventajosas para los países que consiguen cooperar.
Es clave, entonces, mostrar cómo una actitud de predisposición a negociar y
cooperar va a ser siempre positiva, ya sea en India, Egipto, Paraguay, o
cualquier lugar del planeta.